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martes, 5 de noviembre de 2013

17 DÍAS DE ESPERANZA Y LIBERACIÓN





Ciertamente les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero si muere, produce mucho fruto.
Juan 5,24.

Orígenes
Un joven de 30 años llamado Julio Iván Argueta, hombre clave por su liderazgo y posición en la clica de la MS13 que opera de la Comunidad Iberia en San Salvador, se inicio a la misma, a la edad de 10 años y por los hechos delictivos que realizó, estuvo recluido en la correccional de menores, al cumplir su mayoría de edad – es decir 18 años – fue trasladado a uno de los penales de nuestro país, lugares que llegó a conocer muy bien desde entonces.

En este caminar, conoció a Keyri, con quien se unió, procreando a 2 niñas de 12 y 2 años y 2 niños de 5 y 7 años, familia que ahora se incluyen entre la larga lista de viudas, huérfanos y huérfanas que viven en nuestro país…

El enlace
Hacía 14 meses, había salido del penal, desde entonces, las pláticas eran en base a como realizar cambios concretos en la comunidad para hacer de ella un lugar mejor, realizando algunas actividades con la pandilla – y comunidad – que incluían las áreas de: deporte, cenas familiares, actividades eclesiales, salidas recreativas a balnearios, por mencionar algunos. Trabajo que El Espíritu Santo venía haciendo en la vida de Julio y de otros muchachos.

En ese dialogo inauguramos una panadería auspiciada por el Proyecto Semilla de Mostaza, el día 13 de mayo’2010, cuya cita bíblica de donde se retoma el proyecto es Mateo 13,31-32, la cual vendría a beneficiar prioritariamente las vidas de los muchachos y sus familias… ¿Trato de Dios o coincidencia: 13 de mayo, Mateo 13, para la pandilla 13?

En varias ocasiones, por influencia y labor pastoral, Julio tuvo contacto con personas en pobreza extrema en una situación paupérrima: niños y niñas en situación de calle, indigentes, enfermedades de la piel en niños y niñas, personas que viven una situación de vulnerabilidad en todo sentido, muchísimo más que en la comunidad. Estos contactos y oportunidades que El Espíritu permitió a Julio, sirvieron para que él tuviera otra perspectiva de vida hacia las necesidades humanas y ver la manera de cómo ayudar a quienes más lo necesitan, y más admirable aún, lo hizo desde su pobreza, es decir a pesar de su condición, creando sensibilidad y cercanía hacia estas personas.

La transformación
Cierta mañana de un domingo 18 de julio’2010, como era normal las hermanas y los hermanos de Iglesia Elim Central, se acercaron al templo, Julio, no quiso perderse dicha celebración, en donde el Espíritu hizo su labor y se manifestó en su vida impulsándolo a realizar su profesión y confesión de fe, como un acto público, seguidamente entra a las oficinas del distrito 8, con lagrimas no de tristeza, más bien de alegría, de gozo, por haber experimentado el perdón, la salvación y reconciliación en su vida, lo cual nos hace recordar que nuestro trabajo en El Señor no es en vano, que en toda labor hay fruto, que el evangelio transformador es real.

El tiempo de la reivindicación
Empezó a trabajar las partes débiles de las personas y en la comunidad. Este testimonio fue tan impactante, mucho más que cualquier persona que profesa su fe pero que sus hechos no reflejan lo que sus palabras dicen, pero este muchacho en los 17 días después de su conversión, su alcance fue tal y su testimonio tan real y concreto que después de ser temido, ahora era aceptado, debido a que no pedía cosas para él, no velando por sus propios intereses, sino para aquellas personas menos afortunadas: para los niños y las niñas descalzos, ancianos y ancianas, esta preocupación también tenía que ver con la pandilla, en estos 17 días, enviaba pan a los muchachos y sus familias, porque esta es administrada por ellos y algunos hermanos y hermanas. ¿Acaso no podría ser esto una búsqueda de redención impulsado por El Espíritu Santo?; por su posición e influencia, se dedico a visitar los pequeños negocios existentes en la comunidad, la simpatía iba creciendo por que la gente lo miraba como una persona de bien, la comunidad respiraba seguridad, tranquilidad, porque alivió las cargas de muchas personas y se fortalecieron las relaciones devolviéndoles la confianza; el producto de la panadería se multiplicaba, implementándose las ventas, por la aceptación de la comunidad hacia ellos.

Día 17: La liberación
Era una mañana de martes 3 de agosto’2010, una mañana llena de expectativas, de visión, de esperanza, estábamos afinando los últimos detalles de otra nueva fuente de trabajo, como parte del esfuerzo del Proyecto Semilla de Mostaza, en el que se vislumbraba la elaboración de lejía, para abrir nuevas fuentes de empleo que vendrían a beneficiar a mas muchachos y sus familias, aquellos considerados como los menos, los últimos y los perdidos, quienes viven en la marginación y la exclusión, que no tienen oportunidades, ni apoyo de ninguna clase para salir adelante… es así como se compraron algunos materiales previamente para durante la tarde inaugurar esta nueva iniciativa. Estando ya en esos menesteres llegó el momento de despedirnos, a eso de la 1 de tarde, el momento se volvió más emocionante debido a que se acercaba el instante de celebración inaugural, a Julio, se le veía en su rostro la felicidad, como un niño que ve cumplirse una promesa hecha anteriormente por Su Padre (Ἀββά = Abba), ya que se aproximaba otra oportunidad de bendición a la comunidad, la cual se daría a conocer a las 4:30 p.m. de ese día.

Cada quien se fue para su hogar. Estando yo en mi casa a eso de las 2:00 p.m., recibí una llamada telefónica, un hermano me dio la noticia: ¡Julio está herido!, ¡está tendido en el suelo!, en ese momento sentí un fuerte impacto, pero al mismo tiempo abrigué la esperanza de encontrarlo con vida, abordé mi carro y me dirigí hacia la comunidad, en el transcurso del camino, recibí otra llamada de una hermana, que entre lagrimas me dijo: ¡hermano Pedro mataron a Julio!, ese fue el momento más triste y difícil de aceptar que me ha ocurrido, por el vinculo estrecho que guardaba con él, se me hizo un nudo en la garganta y comencé a llorar. Lo primero que hice fue comunicarle al pastor general, el me consoló y me dijo que me apoyaría en esos momentos difíciles. Cuando llegué al lugar de los hechos, vi el cuerpo tendido bañado en sangre, en ese momento sentí perturbación y confusión, al ver aquel maravilloso fruto arrancado en tan solo 17 días.

A medida transcurría el tiempo, se me fue aclarando la mente y me vino a la memoria, el versículo que tomamos de base para estas lineas: Juan 5,24 que se menciona al inicio. Por lo cual recientemente esto sirvió para que se sumaran a la causa del Reino, convirtiéndose al evangelio de Cristo, otros 3 muchachos de la pandilla.

Cuando alguien como Julio, se arrepiente, se convierte, cambia de mentalidad que resulta en un cambio del estilo de vida (μετάνοια = metanoia), son quienes realmente tienen más impacto en una comunidad. Por ello, su muerte se convierte en una celebración, por los frutos de vida que surgieron de este hecho de violencia, siendo testigo (μάρτυς = martys) de Cristo, por haberse redimido (ἀγοράζω = agorazō) durante esos 17 días de esperanza y liberación.

Pedro Landaverde Centes
Pastor y director del Proyecto Semilla de Mostaza - EdT
Iglesia Elim, Comunidad Iberia, San Salvador

Salomón Medina
Misión para la Transformación Comunitaria – Estrategia de Transformación
Semillas de Nueva Creación

martes, 24 de septiembre de 2013

Las noches de Néstor


El 17.3% de la población salvadoreña está en situación de calle, indigente. Es decir, ni siquiera son pobres, están por debajo de esa categoría. Las noches de Néstor nos ayudan a comprender un poco lo que ellos y ellas viven.


―Bueno y vos vato ¿Cuál rifás? ―pregunta con ira un pandillero del centro histórico de San Salvador a Néstor.

―Yo no rifo ninguna pandilla. Eso ni me gusta. Soy indigente, calle y huele pega. No ando en esas cosas― responde Néstor.

―A mí no me la hacés, vos sos de la contraria y aquí vas a quedar― le grita el pandillero a Nestor mientras saca un cuchillo de su pantalón jeans flojo.

―Hey tranquilo, de verdad que yo no me meto en nada de eso― suplica. Pero en los ojos del pandillero hay irritación y parece drogado. Las súplicas de Nestor no logran convencer al pandillero.

Néstor teme lo peor. Su vida es miserable pero todavía quiere conservarla. Quiere echarse a correr y a grandes zancadas escapar, sin embargo no es posible. Ya no puede ni caminar bien, es que hace un par de años en una noche de abril, en un hecho que ni él mismo recuerda muy bien, me relata que fue arrojado desde arriba del paso a desnivel.

―Me tiraron desde aquí y fui a parar allá abajo, en el río. No recuerdo quiénes me tiraron, creo que me golpee la cabeza. Y también me fracturé este brazo izquierdo y me quebré la pierna derecha― me relata, mientras hace gestos para que imagine cuando lo tiraron y cuando cayó. Me muestra también que puede girar hacia atrás la mano izquierda de una forma extraña.

―Me duele mucho la rodilla cuando hace frío en noches como esta― exclama entre suspiros mirando las gruesas gotas de lluvia que caen con ímpetu sobre el asfalto de un callejón que sirve para incorporarse al bulevar Castellanos viniendo del centro histórico.

― ¿Has tomado algo para el dolor? ― pregunto.

―A veces tomo una pastilla para el dolor. Pero solo cuando alguien me regala unos centavos voy a la tienda para comprar pastillas.

― ¿Alguien más te ayuda? ¿Tienes familia?

―Mi mamá vive con mi padrastro aquí cerca, por la gasolinera del trovador. Tienen una casa vieja, son muy pobres y a veces no tienen ni para comer. Yo ni me acerco por ahí porque creo que nunca le he caído bien a mi padrastro. Y cuando voy solo es para bañarme y lavar esta ropa que es la única que tengo. Yo aquí vivo, debajo de este puente. Aquí duermo todas las noches.

***

Como él, al menos una docena de personas duermen y pasan sus noches bajo el paso a desnivel que conecta al centro histórico de San Salvador con San Jacinto. Ellos y ellas son solamente una pequeña representación del 17.3% ―según lo detalla el Informe del panorama social de América Latina 2010, que presentó CEPAL―de la población salvadoreña en situación de calle. Es decir, ni siquiera son pobres, están por debajo de esa categoría.

Hay noches que Néstor y los demás del lugar se van a dormir con el estómago vacío, pero no las noches de sábado. Las noches de sábado siempre hay una cena patrocinada por el ministerio CAVAR ―Comité en acción con valores del Reino―dirigido por el pastor evangélico Pedro Landaverde, que además de llevarles comida les provee un seguimiento que les permite ayudarles a rehabilitarse y a insertarse en la sociedad a través de un empleo. El trabajo que CAVAR realiza será el motivo de una crónica aparte que PAX Noticias publicará pronto.

***

Otras noches, Néstor y los demás indigentes sufren mil cosas. Entre esas, son asaltados por delincuentes callejeros que les quitan hasta los cartones en los que duermen. Las pandillas también los extorsionan e incluso hay noches como aquella en la que Néstor estuvo a punto de perder la vida en manos de un pandillero.

Con el cuchillo en mano, rostro con expresión iracunda, con sed de violencia y sin misericordia, el pandillero no vaciló en tirar la primera cuchillada. Nestor solo cerró los ojos y sintió la helada penetración del cuchillo un par de centímetros por arriba de su corazón.

― ¡Ay! ―gritó agudamente Néstor ―Te digo que no rifo nada― Insistió.

Sin querer escuchar razones, el pandillero lanzó otra cuchillada un poco más abajo de su corazón.

― ¡Ay! ―volvió a gritar, esta vez con menos fuerza y sin poder escapar. Se tiró al suelo.

― ¡Aquí vas a quedar! ― le amenazó el pandillero con una risa que connotaba satisfacción en su acción violenta.

Le lanzó una nueva cuchillada y esta vez hirió el brazo derecho, un poco más arriba del codo. La sangre comenzó a salir a borbollones. Néstor pensó morir al sentir un dolor inmenso que las heridas le provocaban. Su camisa, su única camisa, se llenó de sangre.

El pandillero parecía no saciarse todavía, así que tomó con fuerzas nuevamente su cuchillo y le propinó una cuchillada más en el muslo derecho a Néstor.

― ¡Ay! ¡Ay! Ya no, ya no, ya es suficiente. ¡Dios ayúdame! ― vociferaba con dolor aquella noche.

El pandillero se cansó de escuchar a Néstor y siguió su camino. Los pocos autos que pasaban a esas horas de la noche sobre el bulevar Castellanos parecían ignorar a Néstor que yacía tirado a un lado de la calle retorciéndose del dolor y sangrando sin cesar.

Al rato pasó una ambulancia de la Cruz Verde y se lo llevaron a emergencias del hospital Rosales, donde le cosieron las heridas. Al poco tiempo lo despacharon y lo mandaron de regreso a su “hogar” ―quizá por su condición de indigente lo despacharon tan rápido―.

La misma noche que estuvo a punto de morir también tuvo que caminar de regreso desde el hospital hasta el paso a desnivel que es su “hogar”. A paso lento y torpe, entre quejidos y dolores agudos llegó cuatro horas después a su cartón que hace las veces de colchón para descansar un poco.


domingo, 8 de septiembre de 2013

Los dibujos de el Gato


























Samuel, mejor conocido por sus amigos de la calle como el Gato, se pasa sus días dibujando y pintando en un cuaderno sucio y con pocas páginas amarillentas que encontró en un volcán de basura. Nació hace veintiún años en San Sebastian, San Vicente, creció en una casa hogar y ahora vive en la calle.

―Samuel, ¿Conoces a tus padres? ― después de varias pláticas superficiales y visitas a su “hogar” situado debajo del paso a desnivel que conecta al centro histórico de San Salvador con San Jacinto, me he ganado su confianza y por eso me atrevo a preguntarle sobre su vida.

―A mi papá no lo conozco. A mi mamá la he visto unas cuatro veces―me responde. Los ojos inmediatamente se le llenan de lágrimas que quiere disimular al lanzar su mirada sobre su hombro derecho con una expresión que deja entrever la tristeza que le provoca el recuerdo que la pregunta acaba de sacarle de su mente.

―Si solamente has visto a tu mamá unas cuatro veces ¿Dónde creciste?

―Desde muy pequeño estuve en una Casa Hogar

― ¿Cómo llegaste a esa Casa hogar?

―Por una amiga a la que le dicen “la Coyola”. Ella ayuda a los jóvenes de la calle.

― ¿Y cómo es la vida en esa Casa Hogar? ¿Te gustó? ¿Era mala?

―Era chivo, me daban de comer. Estudiaba. Pero me engañaron y me salí.

En El Salvador existen instituciones del gobierno y no gubernamentales que atienden a la niñez en situación de calle y riesgo. Entre esas instituciones hay cinco Aldeas Infantiles SOS, tres Centros Sociales y 25 Hogares Comunitarios, asistiendo a más de 1,600 niños, niñas y jóvenes donde se les provee alimento educación y un techo. En una de esas Aldeas fue que el Gatocreció.

Cabe destacar que la cantidad de niños y niñas atendidos no supera el número de los que están en condición vulnerable. Niños y niñas que ya nacieron en la calle y que desconocen el significado de familia porque jamás han sido parte de una. Se pasan los días sin propósito en la vida, limpiando parabrisas en los semáforos y así ganar un par de monedas para conseguir más pega, su adicción desde temprana edad.

― ¿Te engañaron? ¿Quién? ―Continúo preguntándole a Samuel.

―Sí, es que un bicho me dijo que a nosotros nos iban a llevar al ISNA y que en ese lugar las cosas sí eran feas. Que violan a todos los nuevos. Tuve miedo y me fui con ese bicho, nos escapamos.

― ¿A dónde fueron?

―A San Salvador.

El Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y Adolescencia ―ISNA― alberga cerca de dos mil 700 niños y niñas que han llegado al lugar principalmente por tres causas: negligencia, maltrato y abuso. Pero esto del ISNA amerita una investigación y crónica aparte.

― ¿Qué se hizo ese amigo con quien te escapaste? ―sigo interrogándolo con curiosidad.

―Se fue con su familia, en Soyapango.

― Y fue después que llegaste acá, debajo de este puente.

―Sí, otro bicho del que me hice amigo me trajo aquí.

― ¿Quién te trajo acá? ¿Está aquí?

―No, también se fue a su casa.

― Cuando ves a tus amigos que se van a sus casas ¿No te dan ganas de irte a la tuya también?

―No, es que tengo mucha familia pero no me gusta estar con ellos. Es que como nunca viví con ellos, me siento mejor así. Solo―me expresa ensimismado ―. La cosa es que tengo dos hermanos. A ellos sí los aprecio―.

― ¿Los ves seguido?

―No, es que uno está preso y el otro trabaja en los controles de los buses. Pero esta es mi casa, esta es mi familia. Todos estos son mi familia―me comenta mientras extiende su mano sucia y con su índice me señala a los demás indigentes que están cerca, sobre un colchón viejo oliendo pega y sumergidos en sus propios mundos.

― ¿Te gustaría salirte de la calle?

―La calle me aburrió, me gustaría salir adelante. Creo que si Dios me ayuda y me lo propongo puedo salir de aquí.

― ¿Hasta qué grado estudiaste en la Casa Hogar?

―Hasta quinto grado. Tenía un profesor italiano que nos enseñaba a dibujar. Todo lo que él veía lo dibujaba. A mí me gusta dibujar por eso.

― Si tuvieras la oportunidad de seguir estudiando ¿qué te gustaría estudiar?

―Quiero ser diseñador gráfico―me dice, mientras sus ojos brillan y en sus labios se asoma una sonrisa con aire de esperanza. Luego me enseña, con una chispa de felicidad, sus dibujos más recientes.

―En serio que tienes talento… ¡Que buen dibujo este! Y este otro también, me gusta mucho este en el que dibujaste a alguien―le digo para animarlo― ¿Si alguien pudiera ayudarte qué le pedirías?

―Yo quiero estudiar, quiero trabajar. Quiero dibujar. Me siento muy bien cuando dibujo a alguien y la persona también se siente bien. Si alguien me puede ayudar, quiero eso.

***
Si usted quiere ayudar a Samuel contáctenos a la dirección electrónica: info@semillasdemostaza.com